Diferencias culturales España vs. Japón

¿Qué pasaría si las costumbres típicas japonesas se implantarán en España?


¡Holis! ¡Hoy traigo una entrada de reflexiones, pensamientos y demás teorías  hipotéticas exprimidas de mi pobre y desgastado cerebro! ¡Pido clemencia por lo que vais a leer!

Últimamente me ha dado por pensar en lo surrealista que me parecen algunos comportamientos incoherentes que se marcan personajes de un manga/anime que son incomprensibles en nuestra educación española. Me viene a la mente un “¿PERO QUÉ COJ**** HACEN?”, mientras me vuelvo a subir las pupilas a las cuencas de los ojos.

¡La virgeeeeeeeeeen del cordero!

Entonces recuerdo que allí tener ese comportamiento excéntrico es de lo más normal y habitual porque es la forma en que la sociedad japonesa dicta que esa es la conducta correcta, aunque para nosotros sea más raro que ver el teletexto en verso.

He empezado a recrear en mi mente cómo serían esas practicas tan formales en Japón implantadas en la educación social en España. La pregunta principal sería:

¿Qué haríamos nosotros en esa misma situación? 

Extraño, raro, surrealista y sobretodo DIVERTIDÍSIMO son las respuestas que me vienen a la cabeza al instante, ya que los españoles y los japoneses tenemos conceptos que valoramos de forma muy distinta. Un ejemplo, que os lo dejará claro de qué narices estoy hablando, es que nosotros somos mucho de tocar, besar y abrazar; por el contrario, en la sociedad japonesa el contacto físico es prácticamente escaso. No les va el roce, chicos.

Pensando sobre ello, he recopilado cinco ‘normas de comportamiento japonesas’ bastante habituales en cualquier serie/manga que a mi, personalmente, me parecen extravagantes y  tremendamente delirantes si se incorporarán a nuestra vida diaria, ¿lo vemos? ¡AL LÍOOOOOO! 


En Japón es de atrevidos llamar a una persona por su nombre de pila… y como le quites el sufijo honorífico (-san) ya eres todo un pícaro descarado porque …¡ES ESCANDALOSO, POR DIOS!

Uys, que le he llamado Pepe. Ahí, a lo loco.

El nombre por el que le llama toda la familia y el cura que le bautizó es sagrado y solo los que son más cercanos pueden usarlo. Lo más curioso es que algunas parejas se pueden haber magreado y besuqueado más que un par de gatos en celo que aún seguirán llamándose por el apellido… ¿en  serio? ¿aún no hay confianza?

Me imagino esta costumbre en España con una pareja de tórtolos valencianos; el chico le dice en medio de la pasión del momento beso-rosca de película: “Ay Pili-chan, me tienes loco” y la chica le suelta: García-kun, tócame la teta pero no me llames Pili que me ofendo.” Pa’ mear y no echar gota.

Y es que no consigo visualizar ese respeto máximo que los japoneses tienen por su prójimo en mi vida diaria teniendo en cuenta que aquí los que son super-amigos se saludan mediante el insulto, al ritmo de: “Hey modorra, ¿a dónde vas?”; “Al Carrefú, ¿te vienes petarda?”. Lo que viene siendo normal entre las mejores amistades de toda la vida.

Por no hablar de nuestra manía de apodar, no hay un solo profesor en ningún instituto o universidad en toda la península que no tenga el sanbenito de “La Vaca”, “El Chucky”, “El Rata”, etc… Como mucho lo dejaríamos en Vaca-chan o Rata-kun. 

Otra costumbre muy habitual es que cada vez que atraviesas la puerta de tu casa es decir siempre “Tadaima”, que viene ser traducido como “Ya he llegado, estoy en casa”. Que como suponéis es algo necesario,  porque el verte entrar por la puerta no es suficiente información para deducir que ya estás ahí…

Así hay que entrar en casa, ¡olé!

Da igual que vivas solo o que sepas que no hay nadie en casa, tú se lo tienes que decir al ficus rinconero que está en el comedor, porque se siente solo y necesita que le hables. ¡Dale amoooooor!

Otra gran ventaja de esta costumbre es que siempre va bien gritar que has llegado, así el asesino medio dormido que te estaba esperando dentro del armario se despierta y te mata despejado, no vaya a ser que no encare bien las cuchilladas y nos haga más pupa de la necesaria.

Para que veáis que he investigado a fondo en esta entrada, he realizado la prueba con mi familia implantado esta costumbre y pssshhh… bueno, la conversación se podría resumir así:

Yo: ¡Ya he llegado familia! ¡estoy en casa!
Mi madre: Ajá, ¿y qué quieres qué te de un pin?
Mi hermana: Menos mal que lo has dicho, pensaba que venías del futuro para avisar que vas a llegar en un rato…
Mi padre: [me ha ignorado totalmente]

Un fracaso total. También es verdad que en mi casa somos un poco rancios. Es más cariñosa una anaconda que mi familia, que está al menos da abrazos.

Sólo le veo mucha utilidad si fueran mis padres los que pegan este grito al entrar por la puerta, que su “Ya estoy en casa” vendría a ser como la traducción simultanea de “Ya estoy en casa, si estás haciendo algo que no me va a gustar tienes un minuto para esconderlo. 60, 59, 58…”
¿Qué eres una niña y has roto algo? pues te da tiempo a esconderlo debajo de la cama. ¿Qué eres una adolescente y estás fumando con los amigos? pues te da tiempo a tirarlo por la ventana y mascar un chicle de menta. ¿Qué eres una veinteañera y estás con el noviete? pues te da tiempo a recoger teta … y así sucesivamente, en resumen una ventaja de margen de tiempo para que no te pillen in situ; más de uno se habría ahorrado situaciones incómodas, ejem. 

El teorema del beso indirecto establece que se considera besuqueo todo aquel choque de morros, sea o no, en el mismo espacio temporal.

¡QUÉ SE BESEN, QUÉ SE BESEN!
¡HA CHUPADO PALILLO! ¡BIEEEEEEEN!

Para los japoneses, el gesto de beber de un vaso que otra persona ha utilizado antes es algo sumamente vergonzoso. Tienen la creencia de que la marca de labios que ha quedado en el vaso usado sigue presente y al acercar sus labios al mismo sitio … pues es como darse un besuco indirectamente. 

Por esta misma teoría, el trasero de mi perra y yo nos hemos dado muchos besos. Acabo de vomitar la comida. 
[Nota mental: Poner una orden de alejamiento de “a dos lametazos de distancia” a Terra]

Esto sí es un beso
indirecto de los buenos

¿¡Pero quién no se ha besado de forma indirecta una infinidad de miles de veces con los amigos?! Prácticamente uno a la semana, al mes si me aprietas. Ese instintivo “¿quieres probar?” que decimos siempre nos delata, aunque no queramos dar porque lo que estamos comiendo está de muerte y lo quieres todo para ti. Pero tu amigo te mira como con los ojos de un cachorrito que no ha comido en días y claro, termina en beso indirecto y con los carrillos llenos.

Así que en resumen, menos las bragas, los novios y el cepillo de dientes, se comparte todo, TO-DO. ¡Qué compartir es vivir, ea!

El karaoke es el lugar de encuentro más popular entre los jóvenes japoneses… ¿y aún nos preguntamos porqué llueve tan a menudo en Japón?

Hoy llueve.
Según mi reciente estudio “¿Dónde ligan los adolescentes japoneses?” por la Universidad de Ohio Gozaimasuha dado como resultado:


– 90% en una cita de grupo en un karaoke, si son desconocidos mejor.
– 5% con tu compañero de pupitre de al lado, detrás, delante o en diagonal
– 2% tu vecino de enfrente, es el que puedes ver por la ventana de tu cuarto.
– 3% de por ahí. 


El karaoke en Japón es como para nosotros ir a comer pipas en un banco de la Plaza Mayor de tu pueblo. Allí se juntan todos los pubertosos para pasar el rato, hablar y lo que surja. Al karaoke solo se va a cuando ya vas tó pedo porque te crees  Freddie Mercury pero en realidad cantas peor que un grillo sordo. ¡Hummmm! así que yo, al plan “karaoke como sitio para ligar” le veo lagunas. 

Cuando un japonés saluda por primera vez a un desconocido o a un grupo de extraños,  finaliza su presentación con un “Por favor, cuidad de mi” como si él fuera un frágil jarrón de cristal de Swarovski.

No te conozco de nada pero cuídame mucho. 

Mi primera impresión sería dudar entre si estoy ante una persona o un Tamagochi. Así que para curarme en salud lo primero que le diría sería la verdad, pues que los servicios sociales me arrebataron a mi tamagochi “Pochi” a los nueve años y desde entonces lo máximo que me dejaban cuidar era un cactus mediomuerto, que ni los sirocos más calurosos del desierto de Arizona podrían matarlo. Que mi coche está tan sucio que no se si llevarlo a limpiar o quemarlo en un descampado y decir que me lo robaron. Que limpio tan poco los cristales de las gafas que parece que esté en un perpetuo “Gorilas en la Niebla”. Que…y paro aquí, porque a la tercera confesión ya ha huido a Kioto despavorido.


Analizando el sentido de la frase como concepto solo le veo dos usos útiles aquí en España:


1.-  Al entrar de urgencias en la consulta del doctor,  un “Por favor, cuida de mi” es necesario, hay que recordarlo por los recortes de sanidad actuales. Últimamente, te duela lo que te duela, paracetamol y para casa.

2.- Y al entregar las llaves de tu casa a un amigo porque te vas de viaje unos días mientras le dices: “Por favor, cuida de mi… gato”. Su sentido real sería “vigila a ese cabroncete peludo que no me coma las macetas ni me cague en la alfombra”.


—————————————————–

Pido perdón por este desvarío

¿Qué pensáis sobre las costumbres que he detallado? ¿Se os ocurre alguna más qué podría dar de qué hablar? 

Anuncios